Diario de Voluntariado en Kenia- entrada 4

El mar de Benicàssim, la añoranza que será en estos días venideros…

El camino es tan corto o tan largo como la actitud y energía con las que transitamos por él. Ha pasado más de un mes desde que nos dimos cita los dos equipos de Kenia y Zambia en la Sierra madrileña para preparar este voluntariado con la asociación Kubuka, y ya sólo queda un mes para decir que lo he vivido.

Lau y Denís

Los miedos a lo desconocido se asemejan a un cinturón que tira en dirección contraria a la corriente del río. Las ilusiones por la aventura me dan la fuerza para deshacerme de esas cuerdas que me atan. La maleta extendida en medio del comedor desde hace unos días ayuda a respirar realidad por todos los poros de mi piel.

Los gatos también respirar cambios… Me rondan incesantemente… Saben que me voy, seguro.

Los contactos entre el grupo de Kenia se suceden con nerviosismo. Donaciones, boarding-pass, documentación oficial requerida…: estamos listos. Claire, desde Nairobi, nos aconseja en cada paso a dar; también nos detalla la situación actual de los proyectos y de la vida en la capital keniata; nos cuida en la distancia a la espera de encontrarnos todos en el aeropuerto en menos de 36 horas.

La confianza entre nosotros es máxima. El verano se presenta en clave de servicio a los demás. Allí donde mi ombligo quiere imponerse gritando que le dé toda la atención que es capaz de pedirme, así me revelo con energía trasladándome a donde espero fluir con la humildad, la entrega y el amor que sé dar y que recibiré «in return».

A estas horas del día previo a la nueva aventura africana que voy a vivir, hablo con mi tribu de casa; esa que me esperará con una ganas enormes de abrazarme, mirarme a los ojos y escuchar los relatos que de bien seguro les traeré.

Seguiré este diario ya en Kenia…

Afueras de Nairobi, Kenia

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