La responsabilidad individual en la vida comunitaria

Nos reunimos todos los vecinos de los apartamentos en junta ordinaria de pandemia de la Covid-19. Todo parece fluir, hasta que llegamos  al último punto, el turno de palabras; pido la palabra porque he observado un cambio de costumbres en nuestra pequeña vida en común: la puerta del edificio, la que valla pesadamente el acceso a gente de fuera y sin clave, queda abierta ahincadamente sin ninguna razón conocida, puesto que las normas internas aprobadas y ampliamente aceptadas desde hace años así lo determinan, por la seguridad de los propietarios de la comunidad.

Las explicaciones que dieron para dejarla abierta nos sorprendieron fuerza: no querían tocar la cerradura de la puerta porque así no se exponían al virus.

De esta anécdota  podemos extraer 2 puntos interesantes:

1.- la polaridad de la esencia del hecho “encontrarnos seguros”: permanecer seguros ante las personas no bienvenidas en casa nuestra versus permanecer seguros frente el no bienvenido coronavirus en nuestras vidas particulares.

  • En el libro del Kybalion, del escriba de los dioses egipcios Hermes Trimegistus, encontramos el principio de polaridad que nos dice «Todo es doble, todo tiene dos pulso; todo, su par de opuestos: los semblantes y los antagónicos son el mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse». 

2.- la invitación a continuar con la derrota de la propiedad (en este caso comunitaria) muy explicada en la teoría de las ventanas rotas de James Wilson y George Kelling a raíz de un experimento de los psicólogo Philip Zimbardo en 1969 en la Universidad de Standford.

El experimento: Se dejó un coche en el barrio de Bronx (Nueva York) con claros síntomas de abandono, como la matrícula caída o las puertas abiertas. El objetivo era ver qué ocurría respecto a las conductas incívicas y el contagio de estas. Al poco tiempo de dejar el coche empezaron a desvalijarlo hasta que el coche quedó totalmente destrozado.

Otro coche en perfectas condiciones fue aparcado en Palo Alto, un barrio rico de California. Durante varias semanas el coche estuvo intacto. Después de esto, Zimbardo dio varios martillazos sobre la carrocería y, sorprendentemente, en el jefe de poco tiempo el coche se encontraba en las mismas deplorables condiciones que lo del Bronx. Por lo tanto, los ciudadanos del barrio rico solo necesitaban alguna señal de abandono para actuar exactamente igual que en el barrio más humilde.

La teoría: si en un edificio se deja una ventana con los vidrios rotos, poco a poco irán apareciendo más, puesto que se envía el mensaje de que no hay nadie que se preocupe por eso; a falta de normas y de leyes se van rompiendo las normas de convivencia.

El mensaje está claro: una vez que se empiezan a desobedecer las normas que mantienen el orden en una comunidad, tanto este orden como la comunidad en sí misma empiezan a deteriorarse, a menudo a una velocidad sorprendente. Las conductas incivilizadas se contagian.

Cómo decía Mbiti, filósofo kenyata:

‘whatever happens to the individual happens to the whole group and whatever happens tono the whole group happens tono the individual’-‘El que pasa al individuo pasa al grupo entero, y pase el que pase al grupo entero pasa al individuo’.

AFRICAN RELIGIONS AND PHILOSOPHY, MBITI (1989)

Esta  es una clara explicación de qué todo aquello que basura de manera individual nos afecta en sociedad. En consecuencia, nos tenemos que hacer responsables individuales de nuestro comportamiento, del que decidimos y del que no decidimos, del que decimos y del callamos; de nuestra presencia o nuestra ausencia, pues una y otra pueden, quizás sin quererlo, poner en marcha un hecho desestabilizador.

Al igual que explicaba en mi anterior artículo sobre las relaciones interpersonales en la era post-confinamiento, la armonía de la vida colectiva tiene que ser preservada por todos los integrantes: la responsabilidad nace en el individuo y después se hace una puesta en común con todos los participantes de la vida colectiva.

Esto se aplica al orden público, pero también a cualquier otro ámbito como puede ser el empresarial. Si en una organización o empresa no se cuidan los procesos, protocolos y la manera de hacer las cosas, al final esta manera de hacer se traspasará a los trabajadores y los directivos. Hay que pensar estratégicamente, de una manera flexible a los acontecimientos cotidianos, y definir como queremos ser y actuar en cada organización, como si fuera una pequeña familia, pues ya sabemos que las organizaciones felices son también más rentables.

Recordamos que como humanos tenemos un cerebro social que funciona siempre: gracias a las neuronas espejo copiamos el que vemos (y nos copian) aunque sea inconscientemente.

Qué responsabilidad  tenemos, ¿verdad? Sí, sí…

Volviendo a la reunión de la comunidad, os podéis imaginar que las negociaciones vecinales nos llevaron de nuevo a restablecer la orden comunal del inicio: hay que cerrar siempre la puerta del edificio, y que cada cual se haga responsable individual de su higiene personal frente al virus.

¡Cuidarme es cuidarnos!

Fecha: 23 julio 2020

Autora: Èlia Garcia Saura

Impulsora de #RelacionsUbuntu

Vinculada a MIESES GLOBAL, Excelencia, salud y sostenibilidad

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